Se trata en realidad de dos peñascos aislados, orientados al este y fuertemente afectados por la erosión, que ha dibujado en su frente vertical amplias viseras y notables oquedades. Utilizadas éstas como soporte, Los Peñascales no suman no dos sino tres estaciones pictóricas diferentes, donde la figura humana, al modo y manera en la que hemos visto en los demás abrigos, cobra todo su interés y se convierte en protagonista exclusiva. Este primer covacho parece entronizar una robusta, en su esquematismo, figura de varón de mano bífida, más un análisis detallado del panel permite observar otros motivos (barras, antropomorfos y una extraña y fina composición romboidal en negro) que quita valor simbólico al posible aislamiento de aquel y nos invita, una vez más, a pensar en la reutilización del covacho o, al menos, en la intervención de otro artista.
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