Tradicionalmente el territorio soriano ha recibido, en épocas benignas de temperatura, la visita de pastores, trashumantes o transtermitantes, que buscaban afanosamente las praderas de sus valles, que abandonarían al llegar los fríos. Este mismo carácter se ha asociado a los autores de la pintura esquemática: pastores que llegan a nuestra región y se instalan en aquellas zonas más apropiadas para su ganado. Serían gentes seminómadas, sedentarias de temporada, que vivirían en cabañas o chozas, bien independientes, bien construidas al abrigo de las numerosas rocas de la zona. La especial disposición de los covachos hará que gran parte de estos abrigos se orienten al norte, aprovechando la verticalidad, amplias viseras o breves oquedades de sus paredes para refugiarse del tiempo atmosférico y plasmar en ellas sus motivos pictóricos. Peña Somera responde, sin duda, a este esquema. Su breve emergencia rocosa domina una protegida pradera donde pastaría, tranquilo, un pequeño rebaño de doce cuadrúpedos, presidido por el sol, en lo alto, y vigilado por su pastor, escorado a la izquierda. Obsérvese como el trazo del mayor de los cuadrúpedos se superpone a una veta, saliente y ferruginosa, de la roca y cómo, desgraciadamente, la incontrolable acción antrópica puede llegar a degradar una obre de arte con la inscripción que aún se mantiene sobre ella. 
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