El conjunto domina desde su soporte, cual si se tratara de un mirador, las cañadas del Nido del Cuervo y Honda, y su riqueza temática bien podría estar en dependencia con esta situación paisajística. Apreciamos, entre otros muchos motivos, una figura femenina seminaturalista que, tras una mancha informe de pintura, abre el panel por la izquierda. Luego, ya en la hornacina oval y recogido en el calco aquí reproducido, se suceden motivos-tipo en aves, en zigzags y en espiral, cabañas o chozas, asociaciones de figuras humanas y astros solares, posibles útiles como un vaso cerámico y una hoz o dalle o, al final del panel central, un gran sol radiante que aprovecha el fondo circular erosivo de la roca para trazar su perfil y adquirir así cierto volumen. Pero, por encima de cualquier individualización figurativa, El Mirador destaca por sus escenificaciones. Vemos una escena de recolección, donde una gruesa y rechoncha figura humana apedrea un árbol del que caen sus frutos en forma de discos consecutivos. Contemplamos un pacífico y alineado rebaño de once cuadrúpedos en marcha hacia la derecha. Asistimos a una escena doméstica, compuesta por un hombre, una mujer y un asno que caminan hacia la izquierda, y presenciamos otra más de caza, donde un rebaño de cabríos, que pasta pacíficamente entre arbustos, se ve sorprendido por varias figuras humanas que cercan y se disponen a capturar a otro cabrío al que han herido con una azagaya, como demuestra su cuerpo curvado. Por si fuera poco lo hasta aquí descrito, aún puede apreciarse, avanzando en el panel hacia la derecha, la asociación de una figura femenina y un cuadrúpedo en otra escena doméstica, o, la más sugerente, y tal vez más simbólica, de dos ramiformes, o, por último, la expresiva actitud de una figura de varón con brazos levantados y piernas abiertas, en claro recuerdo de las figuras orantes tan frecuentes en este tipo de arte.
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